Rota, agosto de 1972. Nadie en el pueblo conoce a Mariela, la joven cuyo cadáver aparece desnudo en la playa del Chorrillo, sin indicio alguno de cómo ocurrió la muerte. El Inspector Simón Lobo, un veterano policía ex alcohólico a quien se le asigna el caso, debe enfrentarse a una intriga que involucra cada vez más a un pueblo en donde se entrelazan dos mundos y dos formas de vida distintas. Rota, antes blanca, campera y marinera, gravita ahora en torno a la Base Naval, el gigante norteamericano que hace casi veinte años se instaló en su suelo y le quebró la personalidad, perdida tras una inmensa alambrada.

Mientras el enigma se vuelve cada vez más inexplicable —ningún forense acierta a certificar cómo murió la joven—, dos muchachos roteños, Soledad y Agustín, hallan en la noche de autos un extraño aparato que les hace adentrarse en el mundo de la noche americana, de luces de neón, cabarets y alcohol. El aparato hallado es un teléfono móvil, aunque aún quedan muchísimos años para que todo el mundo lleve uno de ellos en el bolsillo.

Mariela es la clave de todo el misterio